¿Alguna vez ha tenido situaciones familiares en las cuales usted se sienta como acorralado, y sienta que no hay una salida? Bueno, la semana pasada surgió una situación familiar en la cual se me dijo que un miembro de mi familia vendría a desayunar el domingo, y querían asegurarse que yo sabía lo que ellos esperaban encontrara… “esto, y aquello, ah y no olvides esto, etc.”. ¿Esto le suena familiar?

Con la Navidad a la vuelta de la esquina, tales situaciones parecen darse fácilmente y a menudo. Pero no sólo eso, pueden haber expectativas culturales con las cuales cumplir. Usted puede tener que actuar de cierta manera o comer ciertas cosas. La lista puede continuar y continuar. Mi punto es, las familias y la cultura nos ponen bajo una gran tensión.

Quiero que se imagine un gato acorralando a un ratón en una esquina. Ahora piense acerca de cómo debe sentirse ese ratón. Ese es el mismo sentimiento que yo tengo cuando mi familia me acorrala. Entonces, ¿qué es lo que sentimientos como estos nos pueden hacer? Yo utilizo esta analogía de “gato y ratón” porque el trauma que el pobre ratón está experimentando es muy similar a lo que nosotros, los humanos, experimentamos durante este tipo de situaciones familiares. Y nosotros, al ser simplemente humanos, no podemos deshacernos de situaciones como éstas de la misma forma en que nuestro pequeño amigo ratón puede… es decir, correr de esta situación y olvidarnos de ello.

Con los años he aprendido de la experiencia que estas situaciones, tan molestas y frustrantes como puede llegar a ser, son fácilmente “relegadas” al silencio de tal manera que podamos continuar con nuestras vidas. Usted puede llamarle a esto “forzar el gesto”. Es muy importante reconocer que estas emociones, cuando son “relegadas”, terminan atrapadas en nuestro cuerpo, y al permitirnos a nosotros mismos el expresarlas en una forma constructiva (para mí fue gritar en una almohada, y me siento orgullosa de admitirlo) se puede sentir mucho desahogo.

En muchas culturas se espera que uno no muestre las emociones, en vez de ello, usted debe taparlas colocando una sonrisa en su rostro. Algunas veces, hasta les decimos a nuestros hijos que hagan las mismas cosas que hacemos cuando ellos lloran. Somos humanos, estamos aquí para expresar nuestras emociones, y ¡qué hermoso arreglo de emociones tenemos para expresarnos a nosotros mismos! Es a través de estas expresiones que nos permitimos flotar libremente, energéticamente, y ser quienes debemos ser aquí.

Entonces, ¿qué hice yo después de gritar en la almohada? Primero, sentí desahogo, y luego, revisé qué emociones atrapadas había ocasionado: pánico, necedad, falta de apoyo, e inseguridad creativa, todas ellas las liberé utilizando el Método del Código de la Emoción.

Mientras deambulamos en nuestra vida diaria continuaremos enfrentando retos. El tomar la responsabilidad de liberar nuestras emociones atrapadas puede hacer una gran diferencia en cómo nos sentimos. Si las emociones están atrapadas, ellas pueden mostrarse como dolor o alguna forma de enfermedad con el tiempo. Esta es la manera en que nuestro cuerpo nos dice que tenemos emociones atrapadas que necesitan ser liberadas. El liberar las emociones atrapadas en cuanto suceden nos ayuda a sentirnos más a gusto y a saber que estas situaciones son regalos, que nos permiten practicar el estar en el flujo de la vida.

By: Charan Surdhar